viernes, 3 de abril de 2015

Mi música



Una mudanza acaba convirtiéndose, más allá del traslado de enseres, en un encontronazo con gran parte de nuestro pasado. Así, sin anestesia, nos topamos con recuerdos bonitos o amargos, objetos arrinconados y en ocasiones, como ha sucedido en este caso, hasta con objetos que ya habíamos dado por perdidos. El elemento en concreto es un CD. Pero no un CD cualquiera, sino uno grabado por mi amigo Manel que contiene multitud de cancioncillas, tonadas y probaturas diversas que realicé hace muchos años con mi sintetizador. Y aquí es donde haré un paréntesis para explicarme mejor.

Siempre he sentido atracción por los dos únicos movimientos artísticos que realmente han logrado transmitirme emociones. Y estos no son otros que la música y la literatura. Curiosamente, los dos pueden plasmarse de forma similar: escuchándolos (la música con diferentes instrumentos y la literatura con diferentes voces), escribiéndolos (cada una con sus variados signos y sus peculiares normas ortográficas) o leyéndolos (desde una partitura o un texto).

Por la forma que tengo de concebir mis delirios, música y literatura tienen tantas cosas en común que muchas veces llegan a confundirse en mi cabeza. Así de perjudicado estoy. Imagino que esto me sucede porque, al fin y al cabo, los dos son idiomas igual de válidos para explicar una historia, una sensación o una ocurrencia.

Todo el que se acerque por aquí sabe que, de vez en cuando, intento hacer mis pinitos literarios, perpetrando algún relato de ínfima calidad que no alcanza para mucho más que no sea castigar los benévolos ojos del personal. Aunque espero, eso sí, ser capaz al menos de distraerlos.

Pues unos cuantos años atrás, cuando mi atrevimiento era aún mayor de lo que es ahora, empujado por mi afición a la música, adquirí un sintetizador con el propósito de extraer esas melodías que sonaban en mi cabeza. He de reconocer que sin demasiado acierto.

Ni que decir tengo que jamás cursé estudios de música más allá de la educación primaria y que mis pocas intuiciones melódicas fueron adquiridas de forma autodidacta. Vamos, igual que hago con la escritura. Aún así, lo digo y lo remarco, no vaya a pensar alguien que me dispongo a ofrecer algo memorable o de lo que pueda sentirme orgulloso. Estas cancioncillas fueron creadas con idéntico cariño y esfuerzo que dedico a mis relatos, pero también con una torpeza similar. En cambio, mi amigo Manel sí que asistió a clases de piano durante un par de años, y eso se nota. Lo reconoceréis al instante, ya que él es el intérprete de dos de las melodías que he seleccionado y que además compusimos juntos. Sí, sin duda son las que mejor suenan, seguramente porque entre dos cabezas pensantes salen ideas más decentes.

De hecho, si las rescato del roñoso CD encontrado en la mudanza es, precisamente, para colocarlas en un rincón donde no se extravíen y al que pueda acudir cada vez que me apetezca escucharlas. Además, estoy completamente convencido de que "la nube de internet" es el lugar más alto al que nunca llegarán.

Así que, tras hacer una dolorosa criba en mi amplio catálogo de despropósitos sonoros, con el único fin de proteger vuestros oídos de daños irreparables, y con los mofletes ligeramente sonrojados, aquí las dejo. Que sea leve.

3 comentarios:

  1. Mazcota, te felicito. Nunca llego a escribir nada por miedo a hacerlo mal. Con esa filosofía no se hace mal, pero tampoco bien. Así que ole por ti, por tus escritos y tu música.

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    1. Pues escribe, mujer, escribe, que es gratis. Puede que no te salga una obra maestra, pero estoy seguro que no lo harás peor que yo. Sólo hay que poseer algo de facilidad para imaginar situaciones y tener ganas de contarlas. A mí, casi nunca me gusta lo que escribo. Sin embargo hay momentos, pequeñas frases o algún asomo de ideas, en los que creo haber acertado. Y esos instantes de jolgorio son verdaderamente reconfortantes. Además, creo que escribir es una afición más factible que componer música. Piensa que desde pequeñitos nos han enseñado a hablar, leer y escribir, con lo que algo de práctica atesoramos. Incluso en primaria hemos asistido a clases de literatura. Esto jamás ha sucedido con la música, y por eso mismo sospecho que es más inaccesible.

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    2. Lo sé, y estoy de acuerdo contigo, pero ponerlo en práctica es muy difícil. Al menos tengo el blog para no perder la costumbre del todo :)

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