martes, 21 de octubre de 2014

El mejor abrazo del mundo



Tengo el extraño convencimiento de que cada uno de nosotros posee alguna aptitud en la que resulta ser un maestro, un sabio, un erudito o, como diría ese famoso entrenador de fútbol, el puto amo. Lo que ya resulta más difícil es encontrar esa cualidad que desempeñas mejor que nadie y sacarle el máximo partido para poder vivir de ella. Aunque, desde hace una semana, esa posibilidad cada vez la veo más real. Ahora sólo faltaría identificar la mía, claro.
Lo que me ha abierto los ojos ha sido la curiosa visita que se ha producido esta semana en mi pueblo. Cinco días antes de su llegada, ya fuimos avisados del acontecimiento por la prohibición de estacionar vehículos en los aledaños del pabellón olímpico que atesoramos en mi localidad, señal inequívoca de la importancia de esa personalidad. A dos días de su aterrizaje llegó la invasión de furgonetas, caravanas y otra clase artefactos utilizados para trasladarse y pernoctar, venidos de Francia en forma de séquito. Y en la víspera del evento, fui testigo de cómo se descargaban dos camiones de gran tonelaje para montar una infraestructura digna de la celebridad. Todo estaba preparado y dispuesto.
Como persona curiosa que soy, a la vez que despistada, le pregunté a mi mujer el por qué de tanto ajetreo. Y ella me explicó con parsimonia, seguramente por conocer de sobras mi habitual tendencia a no enterarme de nada, que se trataba de la mujer espiritual conocida mundialmente por el apodo de Amma. "Vaya, una mística", le dije. Pero mi mujer, escuchando mi pobre deducción y viendo que no acababa de comprender la magnitud de su obra, me aclaró que esa mujer no sólo era famosa por su discurso de paz y confraternidad, sino también por ir repartiendo su amor por el mundo a base de abrazos. "¡Ah!", dije elocuentemente para dejar zanjado el tema; pero luego pensé: "pues oye, tienen que ser unos abrazos cojonudos".
También me llamó la atención el peculiar aspecto de los seguidores que por allí se congregaban: personas, más bien jóvenes, tapadas con largas túnicas hindúes y sin demasiada afición al aseo personal. Vamos, lo que se viene denominando como Hippies. Pero lo que más me impactó era que estaban todos haciendo cola para recibir su abrazo correspondiente, sin darse cuenta de que, para recibir uno, no tenían más que pedírselo a la persona de al lado, que precisamente estaba allí esperando para recibir y dar esa muestra de afecto. Pero no, todos buscaban los brazos de ella, Amma. El mejor abrazo del mundo.
Y no me sorprende, pues abrazar a desconocidos es, seguramente, un ejercicio que requiere de una destreza fuera de lo común. Primero has de ejercer la presión perfecta para lograr hacerte sentir sin asfixiar a la otra persona. También has de escoger, en décimas de segundo, si pasas los brazos por debajo de los sobacos o por encima de los hombros, siempre calculando la altura del receptor y la tuya propia. Incluso alguna vez he visto a gente muy loca, seguramente amante de los deportes de riesgo, que se atreve a combinar posturas y es capaz pasar un brazo junto a la oreja y otro rozando las costillas. Un día se harán daño. Aunque lo más importante es elegir correctamente en qué lugar de la espalda vas a depositar tus manos para no crear una situación incómoda. Todos sabemos que si acaban en los hombros puedes hacer sentir a esa persona el agobio de una presa, y que si se deslizan más abajo de la cintura puede suponer una connotación sexual poco deseable. Además, ¿qué hacemos con la cabeza? ¿Apoyamos la barbilla en hombro ajeno? ¿Juntamos las mejillas o las mantenemos a una distancia prudencial? Una vez soñé que me abrazaba con una persona y que, al acercar las cabezas, se producía un efecto ventosa entre mi oreja y la suya y nos quedábamos pegados, compartiendo así el cerumen. Fue una pesadilla horrible.
No, por descontado que no es nada fácil dar un buen abrazo.
Además, si eres persona poco dada al contacto físico (como es mi caso), tampoco te hará demasiada gracia prestarte a unos abrazos con cualquiera que te lo proponga, por mucho que resulten ser los mejores del mundo. No sólo se abraza porque sea un gesto placentero, también ha de llevar implícito algo de cariño y complicidad. Vamos, que yo no me dejo palpar ni invadir el espacio vital sin antes tener algún trato con esa persona. Acabaría, más que agradecido, molesto. Así que primero que me presenten a esa tal Amma y, en caso de coincidir con estar realmente interesada en abrazarme y caerme bien, podría ser que llegáramos a ese momento tan violento que supone, al menos para mí, un abrazo con un extraño. O extraña, que tanto da.
Por otra parte, y tras reflexionar un momento, es posible que esa larga cola se formara porque, precisamente esa gente, no tiene con quien compartir un buen abrazo. Y entonces me he sentido un tanto desolado. Pensar que toda esa multitud deambula hacia una señora que les ofrece algo de cariño, porque no tienen dónde encontrarlo, me ha dejado con un pequeño nudo en la garganta.

4 comentarios:

  1. Jejeje, yo ya había oído hablar de esa señora. Soy una gran fan de esta bloguera y escribió hace tiempo una anécdota que le pasó en la fiesta de los abrazos de esta gurú. Aquí te la dejo. Y de paso te recomiendo que sigas a Carmen, que escribe muy bien la chica: http://trajinandoporelmundo.com/anecdotas-embarazosas-de-viajes/

    En realidad me he pasado por aquí, a falta de una cuenta de correo para hacer este comentario, para decirte que por fin he visto "Eternal sunshine of the spotless mind" y tenías toda la razón: me ha gustado muchísimo. Está muy bien hecha, tanto de guión como de dirección. Tengo ganas de volverla a ver ya para captar mejor los detalles. Muchas gracias por la recomendación. ¡Un abrazo! (bromaaaaa… un apretón de manos)

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    1. Pues ahora que he leído la anécdota de Carmen me arrepiento de no haber entrado en el pabellón para ver lo que allí se cocía. Y si no lo hice no fue por falta de curiosidad, sino más bien porque toda la parafernalia montada olía demasiado a secta y, paradójicamente, las pintas que vi por el exterior tampoco me transmitieron buenas vibraciones.
      Y sobre la película... ¿Acaso dudabas de mi recomendación? Piensa que yo, cuando aconsejo algo, es con conocimiento de causa. Además, bien podría situar esa peli entre mis cinco favoritas; en el grupo de films que jamás me hartaré de ver. Lo tiene todo: un grandioso guión, una excelsa dirección y un plantel de intérpretes espectacular. Y encima no sólo es romántica, sino que tiene esos puntos de ciencia-ficción, comedia y surrealismo que la hacen casi inclasificable. Pero no es de extrañar, porque se han juntado dos genios (Michael Gondry en la dirección y Charlie Kaufman en el guión) para lograr una maravilla en forma de fotogramas. Y mejor dejo ya de ensalzar la peli y me pongo a verla, que me acabo de acordar donde tengo el DVD. ¡Un abrazo!, que siendo virtual se pueden dar todos los que uno quiera sin peligro aparente.

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  2. Más de una vez me había pasado por aquí sin comentar (sí, ya lo sé, está fatal y lo siento). El caso es que lo de los abrazos me ha llegado. Tu último párrafo es la clave y es algo que a mí me ronda mucho últimamente: estamos solos y es muy triste. No hay que darle un abrazo a un desconocido, primero se puede entablar una conversación.

    A mí me pasa como a ti, no soy muy dada al contacto físico, pero sin embargo, cómo reconforta un abrazo.

    PD no conocía a esta gurú pero me encantaría ver el cotarro en directo.

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    1. Pues considérate invitada, tanto a pasarte por aquí como a comentar siempre que te apetezca. Y no te sientas mal si hasta hoy nunca ha sucedido, porque seguramente también tienen mucha culpa las tonterías que suelo escribir. Pero que sepas que, si vuelves a hacerlo, me alegrarás ese día.

      Y sí, estoy de acuerdo contigo en que un abrazo reconforta, pero no me salgo de la línea en que es más importante la intención y la complicidad de la persona con la que se comparte, que el propio gesto. Aunque también puedo entender que más vale un abrazo con una desconocida (sobre todo si, como es el caso, está considerada una experta en el arte de los achuchones) que nada en absoluto.

      Para continuar la coña de Babilonia, ¡otro abrazo virtual para ti!

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